El documento del Sínodo plantea un desafío profundo y una oportunidad para la Iglesia en todo el mundo, incluyendo al Perú. La sinodalidad no es solo una metodología, sino una forma de ser Iglesia, más participativa, más comunitaria, más misionera y más cercana a las personas. La clave reside en escuchar al Espíritu Santo, vivir la comunión, la participación y la corresponsabilidad. Con la mirada puesta en Jesús y con la guía del Espíritu, este camino puede llevarnos a un crecimiento espiritual y a una mayor fidelidad a la misión que nos ha sido encomendada.